Última actualización: mircoles 22 mayo 2019
Autor (es): JESUS E. QUISPE COAQUIRA
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional del Altiplano, Puno

El bovino criollo del altiplano peruano: origen, producción y perspectivas


El propósito del presente aporte es orientar a la comunidad de científicos, profesionales, políticos y criadores sobre los potenciales productivos del bovino criollo asentado en el altiplano peruano.

El bovino criollo del altiplano peruano: origen, producción y perspectivas

Resumen

A partir del siglo XVI, el número y la composición de la población ganadera cambiaron de camélidos sudamericanos a una ganadería alóctona (bovino, ovino, caprino). El bovino criollo actual proviene de las razas autóctonas de España, y llegaron al Perú en la conquista. Pero, en los tres siglos del Virreynato no se le dio ninguna importancia. El propósito del presente aporte es orientar a la comunidad de científicos, profesionales, políticos y criadores sobre las potencialidades productivas del bovino criollo asentado en el altiplano peruano. Para el efecto se describe y analiza los índices reproductivos, las aptitudes para la producción de carne y leche, los pesos corporales a la comercialización en pie o beneficiados y el comportamiento de los bovinos criollos en cruzamientos con razas especializadas logradas en condiciones del altiplano peruano. Aquello se describe considerando los factores extrínsecos e intrínsecos que rodean a la crianza. Asimismo, se refiere a los programas de desarrollo emprendidos y se enfatiza la importancia de los bancos de germoplasma para la conservación. Finalmente, se propone la visión, misión y objetivos estratégicos a considerar en un esquema de desarrollo económico local. En conclusión, en el altiplano peruano, el bovino criollo expresa bajos niveles de producción de carne o leche, lo cual no implica que carezca del potencial de producir, sino que está limitada por el inapropiado sistema de crianza familiar y tradicional. Asimismo, no aparece en los planes estratégicos como recurso zoogenético que contribuiría al desarrollo económico regional y local.

Introducción

Hace 250 millones de años aparecieron los primeros bovinos que hoy se destinan a la producción de leche y carne. En España, durante las primeras etapas históricas, el bovino estuvo ligado a la agricultura, para luego convertirse en el animal doméstico más importante de la ganadería.

En el Perú, hasta el incanato, el número y la composición de la población ganadera estuvo constituida por la crianza de alpacas y llamas y, en forma silvestre, las vicuñas y guanacos. Empero, a partir del siglo XVI, aquel escenario se transformó con la introducción de los rumiantes domésticos alóctonos (bovino, ovino, caprino) (Bustinza, 2001). El bovino actual, denominado criollo, proviene directamente de las razas autóctonas localizadas al sur de España, las cuales lograron adaptarse a las agrestes condiciones de la geografía peruana.

A lo largo del tiempo, en la región Puno, el bovino criollo o chusco, por la población que representa, se ha convertido en una actividad de vital importancia económica y social, debido a que genera productos para la venta (animales en pie) o el autoconsumo (leche), además proporciona fuerza de labranza y el estiércol como abono natural para sus cultivos. A nivel regional existen 617,163 bovinos, de los cuales el 63.5% pertenecen a la raza criollo y la diferencia son Brown Swiss (34%) (CENAGRO, 2012). La mayor población se encuentra dispersa en manos de pequeños productores localizados en comunidades campesinas.

 

 

En los andes del sur del Perú, por encima de los 3,800 msnm, las razas bovinas especializadas no prosperan por la hipoxia en la fisiología de las zonas de montaña (mal de altura), y probablemente su estado de salud se agrava con la estacionalidad y la precariedad de los recursos alimenticios que restringen la expresión de sus potencialidades productivas (carne y leche). Empero, el bovino criollo, bajo la diversidad de condiciones ambientales de la crianza, resalta por su rusticidad, sobriedad, multipropósito, facilidad al parto y alta capacidad maternal (De Alba, 20011 y Quispe et al., 2014).

En dicho contexto, y en la perspectiva de la productividad, existe la necesidad de caracterizar el comportamiento y la eficiencia productiva del bovino criollo del altiplano peruano; o sea, la eficiencia reproductiva, su aptitud para la producción de carne o leche son los parámetros que tienen mayor repercusión sobre la rentabilidad de la explotación (De Alba, 2011). Sin duda, sobre cada una de las aptitudes de producción de carne y leche existen un conjunto de factores extrínsecos (año y época de nacimiento o duración de la lactancia) e intrínsecos (sexo o edad o número de lactancia), que más tarde repercutirán en la expresión de la eficiencia reproductiva (Caravaca et al., 2005).

El propósito del presente aporte es orientar a la comunidad de científicos, profesionales, políticos y criadores sobre los potenciales productivos del bovino Criollo asentado en el altiplano peruano, y hacer uso apropiado de ciertos métodos y procedimientos disponibles, así como plantear políticas de desarrollo coherentes con la realidad regional acerca de un aprovechamiento o conservación en beneficio de las miles de familias que se dedican a esta crianza.

Localización nacional y regional

El Perú, ubicado en el hemisferio austral de Sudamérica, entre los paralelos 0º01 48” y 18º21 03” LS y 68º39 27” y 81º19 34.5” LO, con una superficie de 1285,216 km2, presenta tres regiones naturales: Costa (11,74%), Sierra (27,94%) y Selva (60,32%). En cambio, Pulgar-Vidal (1981) diferencia ocho regiones naturales: Chala o Costa (0 a 500 msnm), Yunga (500 a 2,300 msnm), Quechua (2,300 a 3,500 msnm), Suni (3,500 a 4,000 msnm), Puna (4,000 a 4,800 msnm), Janca (4,800 a 6,746 msnm), Rupa–Rupa (400 a 1,000 msnm), y, Selva Baja (80 a 400 msnm). En tanto, la región Puno, ubicada al sureste del Perú, entre los 13°00 00” y 17°17 30” de LS y los 71°06 57” y 68°48 46” de LO, con una extensión de 71,999,00 km2; de donde 4,996.3 km2 corresponden a la parte peruana del lago Titicaca. En la clasificación de Pulgar-Vidal, presenta las regiones Suni, Puna , Rupa-Rupa y Selva Baja.

Aproximadamente a 16° LS la cordillera de los Andes llega a su mayor anchura, por la separación de las cadenas de montañas, entre las cuales se forma la meseta del Collao o altiplano peruano. Debido a ello, surgen las punas seca y húmeda, siendo las características en la vertiente occidental la escasa precipitación y vegetación, y semidesértica hasta considerables altitudes, a diferencia de la vertiente oriental que se halla contigua a la Hoya Amazónica (Brack y Mendiola, 2004).

Aún ello, la ganadería regional es la más numerosa del país e incluye cuatro especies de mayor importancia social y económica: vacunos, ovinos alpacas y llamas.

La principal fuente de alimentación de la ganadería son los pastizales y las parcelas de especies forrajeras anuales (avena y cebada), pastos cultivados (alfalfa + dactilo y trébol + rye grass) y algunos residuos de cultivos locales (habas, papas, quinua, qañiwa). Empero, el sistema de alimentación está determinada por la estacionalidad en la producción y disponibilidad de forrajes, con dos épocas bien definidas: lluviosa y seca. Las praderas son la principal fuente de alimentación del bovino criollo y se caracterizan por el predominio de gramíneas, en cambio las leguminosas forrajeras suelen tener limitaciones para su sobrevivencia debido a unas prolongadas estaciones secas e intensas heladas.

 

 

La situación de disponibilidad de fitomasa se torna crítica en la época seca, pues en los potreros se reduce y tiene calidad deficiente. En tal situación, para la gran mayoría de los productores rurales la crianza de animales representa una importante fuente de seguridad económica, principalmente en dos vías, como actividad complementaria a la agricultura y como formas de ahorro y posición social. Más aún, permite la diversificación del ingreso de las unidades familiares, así como la repartición y disminución del riesgo (Sanchez y Martínez, 2014).

Origen del bovino criollo y sus características

En España, el bovino está firmemente enraizado en su cultura, inicialmente fue incorporado por la invasión celta y, más tarde, por los romanos. En sus primeras etapas históricas, el bovino solo estuvo ligado a la agricultura, tirando del arado o uncido a las carretas labriegas, luego se utilizó para el transporte de mercancías. Esta última faceta debió ser tan intensa y generalizada que instó a los reyes católicos a crear la Real Cabaña de Carreteros (1497) (Primo, 1992). La norma de la domesticación fue buscar bovinos más dóciles y manejables. Empero, en España, se aisló una fracción de vacunos que destacaban por su rebeldía y agresividad, para seleccionarlos después y crear el impar ganado bravo o raza de Lidia.

En general, los bovinos autóctonos que se originaron a partir del Bos taurus primigenius en Europa y África, por influencias mutuas y del medio, generaron variaciones plásticas, que en el territorio peninsular español las clasifican, con base al color de la capa y los pueblos que históricamente los explotaron, en tres troncos étnicos: Rojo-Turdetano, Negro-Ibérico y Castaño-Cántabro (Sánchez Belda, citado por Rosero, 2007). El primero, es la entidad étnica más importante del bovino español; es el Bos taurus primigenius identificado con la antigua civilización egipcia. Dichos bovinos al sur de la península encontraron tierra propicia para prosperar y dar origen a los bovinos rojos. El segundo, según los tratadistas el Bos taurus ibéricus, es el bovino originario de la meseta central y su entorno. Morfológicamente, su capa es de color negro y con perfecta conformación para el aprovechamiento de pastizales de los más diversos tipos. Y, el tercero, es de rasgos intermedios a los descritos anteriormente. Su asentamiento coincide con el macizo montañoso Cántabro-Astur- Galaico. El rasgo más sobresaliente es la coloración de la capa que se podría definir como castaña. Hoy, en el mundo, el bovino es el animal más importante de todos los que ha domesticado el hombre y después del perro, es el más antiguo.

El bovino español en Sudamérica

Los primeros embarques de bovinos hacia el “nuevo mundo” se realizaron en el segundo viaje de Cristóbal Colón (Cádiz, 25 de septiembre de 1493). Por problemas de espacio se trasladaron bovinos jóvenes (terneros y terneras) con destino a la isla La Española (hoy, República Dominicana y Haití). En el tercer viaje de Colón, desde San Lucar de Barrameda e inscrito en cédula real de 1497, se evidencia la introducción del Bos taurus al “nuevo continente”. En sí, aquel proceso fue muy lento y bastante difícil debido a diversos factores, principalmente por la dificultad que implicaba la salud y la nutrición de los bovinos jóvenes frente a la casi imposibilidad de manejar y alimentar animales adultos, poco mansos, en aquellos barcos rudimentarios y pequeños. Debido a ello, las autoridades y el Gobernador de La Española impidieron la salida de ganado bovino de la isla hacia otras comarcas antillanas o continentales (Beteta, 1999).

Probablemente, por razones logísticas, las mayores salidas de ganado provienen de dos zonas de España que se relacionan con la proximidad a los puertos: 1) Andalucía, de las ciudades de Huelva y Cádiz, de donde vienen animales que hoy se relacionan con la Retinta, Berrenda en Colorado y la Rubia Gallega, y los que descienden del tronco Turdetano (rojo convexo); y 2) desde las Islas Canarias, las razas Palmera de Canarias, que vienen del mismo tronco Cántabro, básicamente el ganado de lidia sin ser el único, ya que está el negro y castaño cóncavo (Beteta, 2000).

En la Isla Española, por 30 años, los bovinos se reprodujeron sin control ni selección, dando lugar a una diversidad racial caracterizada por las grandes encornaduras sobre cuerpos poco desarrollados. Esta isla fue el punto de partida para la distribución de bovinos españoles a Las Antillas y al “nuevo continente”.

 

 

Las razas Retinta, Berrenda en negro y rojo, Rubia, Negra Andaluza, Cárdena, Salinera, etc, fueron la piedra angular en la formación de las razas criollas iberoamericanas, no solamente por la similitud de color del pelaje de los bovinos, sino también por la contrastación de polimorfismo bioquímico realizado por el Profesor Stone (1982) de la Universidad de Wisconsin.

El bovino autóctono español en el Perú y en la región Puno

Panamá, por su ubicación centroamericana influyó en la expansión del ganado bovino en Suramérica. Así Pizarro, Almagro y otros llevaron hacia el Perú, iniciándose con ella la conquista y colonización del imperio de Los Incas. Es decir, la llegada del bovino al Perú se realizó por el Océano Pacífico, procedente de La Española. El 15 de noviembre de 1532, Pizarro llegó a Cajamarca y tomó prisionero a Atahualpa y muerto en agosto 1533. Sin embargo, la ganadería alóctona fue implantada un año después de la muerte del inca, principalmente a través de caballos y vacas en las tierras del valle que circundan a la ciudad de los incas. Posteriormente, parece que el regidor Fernando Gutiérrez aclimató ganado bovino en dichas tierras. En Lima (Ciudad de Los Reyes), según Bernabé Cobo (1539), se pidieron tierras en los alrededores de la ciudad para la crianza de vacas. Esta conquista del imperio de los incas, entre 1540 y 1600, fue difundiendo la crianza de bovinos autóctonos españoles a lo largo y ancho del territorio tawantinsuyano.

En la región Puno, el número y la composición de la población ganadera empezó a cambiar desde el siglo XVI. Antes de ello, solo estuvo constituida por la crianza de alpacas y llamas y, en forma silvestre, vicuñas y guanacos. La introducción de los ovinos y bovinos por los españoles dio origen a la ganadería bovina, en particular. Aunque, en los tres siglos que duró el virreynato, no se dio ninguna importancia al bovino autóctono español en tierras peruanas, pues en la colonia se priorizó la minería y sobreprotegió a la ganadería lanar asentada en las haciendas. La ganadería bovina cumplió un rol complementario; la selección natural y el cuidado que le prodigaron los nativos hasta nuestros días permitieron el desarrollo del actual bovino criollo que reciben el nombre de chuscos, serranos, criollos de la sierra o vacuno tipo Perú, este último denominado por los engordadores de la Costa (MINAGOIA, 2006).

El bovino criollo surge a merced de su capacidad de adaptación casi espontánea y selección natural en las agrestes condiciones del altiplano. En la región Puno, un siglo después de la independencia nacional, recién se dan indicios de mejorar la ganadería bovina y ovina. La creación de la Granja Modelo Chuquibambilla (1920) (hoy CIP Chuquibambilla UNA Puno), junto a la construcción del ferrocarril Mollendo- Arequipa-Puno-Cusco, facilitaron la exportación del ganado en pie hacia mercados extraregionales. Posteriormente, la creación del Banco Agrario (1958) promovió el avance en la tecnología de producción de bovinos. Asimismo, la creación de la facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia en la Universidad Nacional del Altiplano, el SCIPA, INIPA, INIA (Estación Experimental Illpa) ha aportado conocimientos en el área de manejo de pastizales y tecnologías en la crianza de bovinos, el procesamiento de derivados lácteos, entre otros.

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