La alimentación adecuada de un vacuno, más precisamente de un vacuno lechero, no puede ser concebida sin el forraje, que forma parte de un 50 a 60% del alimento total (en base a materia seca) de la vaca en producción.
La alimentación adecuada de un vacuno, más precisamente de un vacuno lechero, no puede ser concebida sin el forraje, que forma parte de un 50 a 60% del alimento total (en base a materia seca) de la vaca en producción. Contar con un forraje de buena calidad y realizar las prácticas adecuadas para conservarlo de esa manera, nos ayuda tanto a nutrir al ganado como a bajar los costos de los suplementos concentrados porque, cuanto más baja es la calidad del forraje mayor será la calidad requerida en el concentrado. En cuentas y palabras simples, la energía aportada por los concentrados siempre será más cara que la aportada por un buen forraje.
El ganado vacuno en el país es manejado fundamentalmente bajo dos sistemas de alimentación: al pastoreo, que según el Dr. Carlos Gómez, Profesor principal, Facultad de Zootecnia de la Universidad Agraria La Molina, rige aproximadamente al 85% de vacunos del Perú, y que se da normalmente en la sierra donde existen diversas realidades como diversa es su geografía: zonas de pastos naturales, valles interandinos, como el Valle del Mantaro donde se siembra maíz para consumo; y el sistema denominado estabulado que es practicado sobre todo por la ganadería tecnificada (organizada), en la que profundizaremos.
El consumo de distintos tipos de forraje en las diferentes zonas del país está determinado por sus niveles de producción, disponibilidad y por su aporte en la ración total del ganado.En la ganadería lechera de costa el forraje más usado es el forraje verde de maíz, fundamentalmente por sus características nutricionales, su capacidad de conservación y por su rendimiento por hectárea, además de ser un cultivo corto (4 a 5 meses), por lo tanto el agricultor lo incluye dentro de sus prácticas de uso de suelo.
También es habitual el uso de la panca y, luego, el de otros diversos tipos de forrajes que están disponibles en áreas determinadas o por periodos. Es así que los ganaderos de la zona sur emplean, como en Arequipa, la alfalfa; en Cañete se utiliza la hoja y tallo de camote; en Chiclayo se consume el cogollo de Caña, que es un alimento útil para el ganado por su fibra; en la zona norte subproductos de la industrialización, como en Trujillo donde se usa la broza (la planta luego de haber utilizado lo que consumimos los humanos, es decir las hojas y tallos) del esparrago y de la alcachofa; así como en toda la costa se utilizan rastrojos de diversos cultivos hortícolas. Sin embargo, cabe tener en cuenta que, como señala el Ing. Zootecnista Víctor Tello, Profesor Asociado UNJFSC, asesor técnico de empresas ganaderas, “El problema común de los forrajes de subproductos industriales es la estacionalidad de su oferta y su amplia variación en su contenido nutricional, lo cual desajusta el contenido nutricional de la ración total”.
Un axioma nutritivo del ganado lechero
El uso de chala superior, es decir de alta calidad, en la alimentación del animal puede lograr un aumento de 4 a 5 litros de leche/vaca/ días, según el Dr. Carlos Gómez. Uno de los puntos más importantes que el ganadero debe tener en mente a la hora de tomar las decisiones respecto al forraje que utilizar y el precio a negociar por este, es el valor nutricional que aporta a la ración total de la vaca, lo cual se traducirá posteriormente en su performance y productividad lechera.
Es por ello que el Ing. Zootecnista Rodolfo Carrión, Jefe Departamento Técnico en Battilana Nutrición, enfatiza que “Muchas veces, nos preocupamos más del concentrado, los aditivos, los suplementos, etc., y al forraje no le prestamos la importancia que este tiene. Es frecuente escuchar que no hizo ningún cambio en el manejo y sin embargo la producción cayó 2 kg por vaca, y generalmente le echamos la culpa a la levadura que no funcionó, al bicarbonato que fue insuficiente, a la vitamina y su procedencia o concentración y casi nunca lo asociamos a una variación –muchas veces bastante grosera- en el contenido de humedad del forraje. Cuando esta variabilidad en el suministro de forraje fresco ocurre, se genera una poco notoria variabilidad en el consumo y, por ende, en la producción”.
El elemento más abundante de las plantas forrajeras es el agua, que varía de acuerdo al estado de maduración de la planta y al contenido de humedad del suelo. Por otro lado, está la composición de la materia seca (MS), que contiene los nutrientes que dotan al forraje de verdadera calidad. “Debemos iniciar la conciencia de análisis de nuestros forrajes y así, corregir la formulación en relación al total de la ración a suministrarse a la vaca en producción. Y el primer análisis que debemos hacer es la determinación de materia seca. Sin este dato es difícil determinar el real consumo de nuestros animales, menos aún costear el alimento”, dice el Ing. Carrión.
La materia seca de los forrajes está constituida en su mayoría por carbohidratos (50 a 80%), además de una alta proporción de fibras (arriba del 30%), minerales y vitaminas, así como una menor cantidad de proteínas. Algunos minerales pueden ser almacenados dentro del cuerpo del animal, por ejemplo Hierro en el hígado, Calcio en los huesos, etc.), sin embargo, los minerales que son solubles en agua (por ejemplo Sodio y Potasio), no son almacenados por lo tanto deben ser suministrados continuamente en la dieta alimenticia.
Obviamente, la cantidad de estos nutrientes y, por tanto, la calidad del forraje varía de acuerdo al tipo de cultivo. Por ejemplo, un pasto joven o una leguminosa en su etapa de madurez vegetativa no tendrán las mismas características que los residuos o rastrojos de cosechas como el trigo, cebada, etc. Estos últimos suelen contener bajos porcentajes de proteínas crudas y gran cantidad de fibras indigestible debido a la presencia de lignina, también encontrada en el forraje demasiado maduro. Por ello, es mejor que este tipo de alimento sea utilizado en raciones de animales no lactantes, con bajos requisitos de energía.
Inmediatamente después del enunciado anterior, nos damos cuenta, y es necesario ser enfáticos en ello, que en cualquier sistema o programa de alimentación es imprescindible tener en cuenta las diferentes etapas de producción de la vaca para así poder satisfacer sus requerimientos y aprovechar al máximo los alimentos suministrados: proveer la cantidad necesaria de material para la fermentación ruminal, así como una suficiente cantidad de aminoácidos para la síntesis de proteína en la leche y glucosa en el hígado.
“Cuando alguien me pregunta: ¿Cuantas vacas me recomendaría criar, mi respuesta categórica es: las que puedas alimentar con un buen forraje si desea ser competitivo en el negocio lechero”, afirma convencido el Ing. Víctor Tello.
Ya que el ternero es durante sus dos primeros meses un monogástrico, se alimenta básicamente de leche y luego progresivamente se va convirtiendo en poligástrico hasta constituirse en un rumiante. Durante toda esta transición de monogástrico a rumiante, la calidad del forraje, traducida en su digestibilidad, debe priorizarse aun cuando el manejo del ganado varía dependiendo de las consideraciones del especialista o administrador del establo, teniendo en cuenta la situación en la que se encuentran sus animales. Gradualmente, se ingresa por cantidades mínimas concentrado y posteriormente se agrega concentrado y agua a su dieta mientras se va reduciendo el consumo de leche hasta el destete.
“En el caso específico de mi establo, los siguientes dos meses le damos solo concentrado, no forraje, porque hemos tenido la experiencia con forraje verde que producía diarrea en los animales, porque como no eran totalmente rumiantes su estómago no estaba acostumbrado”, comenta el Ing. Enrique Morales, Gerente del establo “El Remanso” de Cañete, sobre su experiencia.
Usualmente hasta los tres o cuatro meses se provee al ganado de un concentrado especialmente balanceado para terneros, que se le va mezclando por pocos con forraje. Entonces, en esta etapa ya no toma leche y está comiendo alrededor de tres kilos de concentrado con forraje.
A los 8 meses aproximadamente ya es todo un rumiante capaz de aprovechar la nutrientes que vienen en el forraje, apoyado por la flora microbiana que vive en el rumen. El consumo va aumentando hasta 15- 20 y las vacas preñadas llegan a ingerir entre 20 -25 kilos de forraje fuera del concentrado. Ya una vaca en producción consume entre 45 a 50 kilos de forraje además de 12 a 14 kilos de concentrado, dependiendo del nivel de producción de la vaca y del valor nutricional del concentrado.
La importancia de la alimentación materna radica en que favorece al crecimiento y desarrollo adecuado del feto; determina el tamaño, vitalidad y sobrevivencia del feto, así como el futuro productivo de la cría y el pronto reinicio de la actividad ovárica post-parto en la vaca. Es por ello que el periodo de pre-parto ocupa un lugar estratégico en el esquema productivo de las exploraciones lecheras de alta producción.
El periodo de transición (que comprende 3 semanas antes y 3 semanas después del parto) da lugar a una serie de cambios de considerable importancia: Adaptación del sistema digestivo y adaptación metabólica a una nueva situación productiva. Si no se tiene un adecuado programa de adaptación las vacas pueden ser afectadas con Cetosis, desplazamiento de abomaso, retención de placenta, Mastitis, reducción de la producción y problemas reproductivos.
La eficiencia de la planta forrajera e impacto en la performance del animal y rentabilidad del negocio se determinan también en base a la energía que aportan. “Sería muy importante ir cambiando el concepto, reconocer que el forraje debe ser, no solamente, el aportante de fibra en el alimento sino pasar a ser una fuente energética básica”, señala el Ing. Rodolfo Carrión.
La calidad del forraje está asociada además con la cantidad de Fibra Detergente Acido (FDA) y Fibra Detergente Neutra (FDN) porque son los nutrientes que regulan la sensación de llenura de la vaca. La correlación entre el FDN y el consumo es inversa, es decir, que a mayor FDN en el forraje, menor consumo. Cuanto más maduro es el forraje más FDN acumula y menos consumo tendrá la vaca. Las partes más digestibles del maíz son las hojas y el grano de la mazorca, porque su FDN es menor. La planta de maíz ideal para el agricultor es la de mayor altura (más tallo) porque rinde más tn/ha. Pero el maíz ideal para la vaca o para producir leche es el que tiene más hojas y más mazorcas con menos tallo.
Debemos recurrir a los requerimientos tanto de FDN y FDA que la vaca, en sus diferentes etapas productivas, requiere y en función a ello y al nivel de estos nutrientes presentes en el forraje podríamos determinar la cantidad de forraje fresco o ensilado a suministrar.
“El forraje es el alimento más voluminoso que ingiere la vaca lechera, entonces busquemos que ese espacio sea ocupado por un alimento de alta calidad nutricional y de mayor relación costo/beneficio. Por consiguiente démosle al cultivo de forraje que hemos elegido, la atención oportuna a sus necesidades de fertilización, control de malezas, manejo de agua y cosecha oportuna, partiendo de una variedad probada para lograr un excelente forraje”, recomienda el Ing. Tello.
Dime cómo lo manejas y te diré lo que produces
La gestión de la alimentación es un tema que cualquier ganadero responsable y efectivo no debe pasar por alto. El máximo valor nutricional y, por ende, productivo depende de distintas medidas de manejo que tendrían que ser supervisadas por el ganadero. Dentro de ellas destacan la cosecha y el picado.
El Ing. Enrique Morales nos cuenta la estrategia para reconocer el adecuado tiempo de cosecha para el maíz. “La experiencia dice que uno va al campo y la parcela está lista al sacar algunas mazorcas pelarlas y ver que cada grano tenga la cantidad de líquido adecuado. Esto es, cuando está en un tercio de línea de leche, es decir, que al grano no le salga agua ni que esté muy duro”. (Figura1)
Una vez cosechado adecuadamente, el maíz o chala debe ser correctamente picado ya sea para su ensilaje, como se tratará líneas abajo, o para el consumo directo del animal. Un tamaño adecuado de picado va a favorecer la ingesta de la vaca, ya que el animal consumirá toda la ración, incluso la mezcla con el concentrado, sin desperdiciar alimento.
El Ing. Morales en base a su práctica en campo recomienda para la ganadería de alta producción contar con una máquina picadora, pues representará una inversión y será una herramienta que facilite la cosecha adecuada. “El que depende de un intermediario recibe el forraje picado y no sabe cómo estaba en el campo, si tenía el tamaño y la calidad adecuada o si estaba en el momento preciso para cosechar. No pueden manejar todas estas variables. Al comienzo tuve que pagar el servicio de picado, pero estaba pagando más de la cuenta. Resultó más rentable tener nuestra propia máquina. Muchos ganaderos han seguido estos pasos” dice.
Entre otras estrategias sabemos que, por ejemplo, suministrar la materia seca en una sola ración no es una práctica recomendable, pues la vaca comería todo el concentrado que se depositaría al fondo y no le permitiría rumiar, ocasionándole problemas metabólicos, de acidez, etc. Además, el alimento se le debe proveer picado y mezclado para que el animal no escoja ni prescinda de porciones nutritivas.
Para el Ing. Enrique Morales es efectivo aumentar el número de raciones por día, pero disminuir su volumen en época de verano, ya que el calor ocasiona que las vacas tengan estrés calórico y en un ambiente de alrededor de los 24 o 25°C ya no tienen apetito. Entonces, se les provee de raciones más pequeñas en el día y en la noche, cuando la temperatura baja, se le suma una ración más.
El Dr. Carlos Gómez, nos explica otra estrategia en el manejo de la alimentación relacionada con la división o clasificación de los animales. “Se debe agrupar animales que tengan semejantes necesidades (similar producción de leche, condición corporal, peso, jóvenes o adultos) para darles una dieta estándar”. Ello también servirá para evitar la competencia por espacio en el comedero, ya que entonces los animales más pequeños se irían aislando y bajando su peso y rendimiento.
El abastecimiento de forraje puede ser fresco o conservado (almacenado) ya sea en forma de heno o de ensilaje. Si bien un principio universal versa que ningún producto sometido a algún proceso de conservación superará en calidad al original y, en esa línea, el alimento fresco siempre será más palatable y aportará mayores nutrientes como pro vitamina A, proteína soluble y carbohidratos no fibrosos, menos amoniaco y menos ácidos orgánicos que un forraje conservado; de acuerdo a la real dinámica de provisión de forrajes que se practica en nuestro país, disponer de manera estable de forraje fresco no es posible.
“Al estar ubicados la mayoría de los establos de la costa (que son los más productivos del país) en zonas donde el forraje es muy escaso, los ganaderos tienen que solucionar esta problemática ensilando y/o henificando, por dos motivos: primero para uniformizar sus altas producciones y segundo para evitar fluctuaciones fuertes en el consumo que se ven reflejadas en la producción y en algunos trastornos metabólicos que igualmente afectan drásticamente la producción y la calidad de la leche así como la caída en condición corporal, de forma más rápida que lo normal”, explica el Ing. Carrión.
La necesidad de conservación del forraje nace de su falta de disponibilidad y, por ende, de su costo, una dinámica de oferta y demanda. Todo cultivo tiene un periodo de cosecha óptimo, que no siempre coincide con el consumo diario de alimentos, por lo tanto hay que buscar una forma de almacenarlo. Solo así tendremos el control y correcta administración del alimento, que favorecerá a la vaca, un animal muy sensible a los cambios de alimentación; sin tener que depender de un proveedor que obtenga día a día el forraje, de las variaciones del clima o de las fluctuaciones en el precio. Es decir, la rentabilidad estará en nuestras manos.
Esta preservación de plantas forrajeras se puede producir mediante dos procesos de conservación: Física y química. La Conservación física, representada por la henificación, se realiza mediante la acción de agentes climáticos (luz solar, calor, viento), favoreciendo la evaporación o eliminación del agua de los tejidos de la planta, para que la misma no sufra procesos de descomposición en el futuro.
El ensilaje, en cambio, es un tipo de conservación química del forraje producida mediante la acción de microorganismos (principalmente bacterias), las cuales en ausencia de oxígeno generan ácidos que ayudan a la conservación del forraje, ya que se inhiben losprocesos de descomposición, por la alta acidificación del medio.
Aunque el ensilaje es un método eficaz y económico para conservar los forrajes, el Dr. Gómez comenta que todavía no es una práctica muy afianzada en los ganaderos, lo que se sebe a distintas causas: “Obliga a financiar la compra, porque se está comprando algo que se va a utilizar mañana. Además algunos ganaderos desconocen la manera de hacer un buen silo, porque en algún momento lo han hecho y se ha deteriorado. Otro motivo, es que no siempre hay toda la oferta de forraje que se necesita para hacer el silo. Típicamente uno requiere cierto volumen mínimo. Los agricultores aquí son pequeños, para hacer un silo de 120 toneladas tengo que proveerme de diferentes parcelas que estén disponibles al mismo tiempo y con calidades que no van a ser las mismas”.
El proceso de conservación utilizado en determinado tipo de forraje depende de sus propiedades o características. El forraje que suele emplearse para ensilar es el maíz. Al respecto, el Ing. Rodolfo Carrión precisa que “El silo de maíz de buena calidad (buen proceso de ensilado y materia prima-chala- de buena calidad) es hoy por hoy en nuestro medio el ingrediente más estable en la alimentación de la vaca lechera. Aporta 1.40 Mcal de ENL/ Kg en base seca, 8.5% de proteína entre otros componentes y que debido al proceso de fermentación parcial que significa el ensilar maíz, se obtiene una apreciable digestibilidad de todos los componentes nutricionales del mismo. Además al ser una fuente muy estable en el tiempo, mantiene igualmente estable la flora ruminal de la vaca, minimizando los riesgos de acidosis y la regularidad de la dieta a partir de un formulación más precisa en cuanto al aporte de materia seca del forraje en la ración total”.
De otro lado, en el caso de la alfalfa “Por sus características nutricionales es más conveniente henificarla, cuidando de no exponerla mucho tiempo al sol para que el color verde de sus hojas no se pierda ni se desprendan, porque es allí donde está su mayor valor nutricional. El alto contenido proteico de la alfalfa retrasa la fermentación láctica deseable para lograr un ensilaje de calidad”, explica el Ing. Víctor Tello.
Para utilizar el forraje en el ensilado, este debe ser cosechado cuando tenga 30 % de materia seca. Esta condición se determina en forma práctica con el método de la “bola de forraje”, el cual cosiste en tomar una muestra del forraje a ensilar, hacer una bola comprimiéndola con la mano. Si al apretar la bola de forraje sale líquido, significa que no está en condiciones de ser ensilado. Si se comete el error de ensilar un forraje húmedo al ingresarlo a los silos podría ocasionar un proceso de podredumbre. Además para ensilar la clave de conservación del forraje es quitarle todo el aire, porque sucede un proceso anaeróbico de desarrollo de algunas bacterias. Entonces, tiene que ser picado de un tamaño adecuado (aprox. dos centímetros de corte).
Según la recomendación del Ing. Morales, ese silo deberá estar por lo menos tres semanas tapado antes de utilizar el forraje, aunque puede durar un año si está correctamente tapado. Esas tres semanas sirven para darle tiempo al proceso de fermentación propio del ensilaje, donde se eleva la temperatura, si se utiliza antes podría hasta dañar a los animales.
Al fin y al cabo siempre el mejor manejo y gestión del alimento se podrá realizar cuando se tenga el control del ciclo completo, desde la siembra con semillas registradas y procesos agronómicos que beneficien al cultivo, hasta el propio control de calidad, cosecha y transporte del mismo. Aunque todas estas variables no estén en nuestras manos debemos tratar en lo posible de jugarlas a nuestro favor.
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