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Última actualización: jueves 19 octubre 2017

Autor (es): MV. Iván Reyna, MV. Lucía Villarreal. Área Técnica Laboratorios Biomont S.A.


Dermatobia hominis: Larvas destructoras escondidas bajo la piel de nuestros bovinos


En el ganado bovino, parasitaciones son causa de dolor e intranquilidad, originando disminución y pérdida del apetito, con una depreciación progresiva del peso corporal que puede llevar a la muerte del animal.

Dermatobia hominis: Larvas destructoras escondidas bajo la piel de nuestros bovinos

La dermatobiosis cutánea es una ectoparasitósis crónica y ulcerativa causada por la larva de la mosca Dermatobia hominis, que afecta al tejido cutáneo y subcutáneo de diversos animales, y se caracteriza por ocasionar miasis foruncular en los hospederos, principalmente bovinos, caninos y humanos (Leite et al., 2011). El mayor impacto de la miasis cutánea es el resultado de las pérdidas económicas en la producción de carne, leche y piel (Hall y Wall, 1995). En América Latina han sido estimadas pérdidas en 260 millones de dólares por año como resultado de la disminución en la producción de leche, carne y desvalorización de las pieles (Grisi et al., 2002).

En el ganado bovino, parasitaciones de 20 a 40 nódulos, algunas veces contiguos, son causa de dolor e intranquilidad, originando una depreciación y pérdida del apetito, con disminución progresiva del peso corporal que puede llevar a la muerte del animal. Actualmente, no hay trabajos que evalúen las pérdidas económicas. Las estimaciones señalan que 20 a 40 nódulos originan una disminución del 12% en el peso del animal parasitado y en el ganado lechero una merma del 20% en la producción de leche. A las pérdidas señaladas hay que agregar el gasto que origina en la compra de medicamentos y la mano de obra necesaria para tratar a los animales afectados (Cardona et al., 2013).

Epidemiología

D. hominis es una mosca díptera endémica de América Central y del Sur, desde México hasta Argentina, excepto Chile y el norte de Argentina. La larva de esta mosca es llamada nuche, tupe, ampiri, tórsalo, entre otros nombres locales (Gonçalves et al., 2007). Las condiciones ambientales son determinantes para el desarrollo del parásito en su ecosistema, ya que para que el ciclo se presente adecuadamente son necesarias ciertas condiciones de temperatura, humedad y precipitación pluvial, las cuales afectan los niveles poblacionales a lo largo del tiempo en las regiones subtropicales, tal es el caso que en suelos demasiado secos las pupas no se desarrollan. Con respecto a la altitud, D. hominis parece no pasar de los 1400 msnm, pero es común a los 600 msnm (Guimarães et al., 2000).

Los bovinos se consideran los animales más susceptibles, aunque también se presenta en los caballos, burros, mulas, ovinos, perros, gatos, conejos, el hombre y algunos mamíferos silvestres (Urquhart et al., 1996). Focos de alta infestación son observados en granjas situadas en las laderas de los Andes en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia que descienden para la región amazónica, en las explotaciones ganaderas ubicadas en el bosque Atlántico de varios estados de Brasil y en las provincias de Misiones y Corrientes en Argentina (Moya, 2003).

Respecto a los animales, en muchos países de América Latina se ha observado que los animales de piel oscura son más afectados que los de piel clara, debido, entre otras razones, a que la piel oscura atrae con mayor intensidad a las moscas y mosquitos, algunos de los cuales pueden estar portando huevos de D. hominis. Por otro lado, los animales de razas europeas no están bien adaptados a los climas tropicales y en las horas de mayor calor tienden a refugiarse a la sombra de arbustos y árboles donde se encuentran los adultos de D. hominis y las moscas foréticas necesarias para cerrar el ciclo biológico. También se observó que el espesor del pelaje de los bovinos ayuda en la transferencia de larvas del vector al hospedador. El ganado cebú, mejor adaptado a los trópicos, es menos afectado por este parásito, entre otras razones, debido a su piel clara y corta (Moya, 2003).

En el Perú, un estudio realizado en bovinos de diferentes caseríos del distrito de Santo Domingo, Morropón - Piura, determinó una frecuencia de dermatobiosis de 38.48% (Patiño y Ganoza, 2014). De forma similar, en Perú se reportan casos de miasis accidental por D. hominis y otras larvas en humanos (Miranda, 2007).

Ciclo biológico

La duración del ciclo completo de D. hominis varía en función de las condiciones ambientales y el hospedero donde las larvas se desarrollan, pudiendo extenderse por más de 100 días y en el caso de altas infestaciones en el ganado bovino, puede durar alrededor de 35 días (Guimarães et al., 2000). La mosca adulta de D. hominis no visita frecuentemente a los animales, deposita sus huevos en insectos portadores (Hall y Wall, 1995; Sancho et al., 1996). En general, estos portadores son artrópodos que se alimentan de sangre, como moscas y mosquitos, que luego actúan como vectores mecánicos, llamándose a este comportamiento foresis (Safdar et al., 2003). Las especies más importantes en el trasporte de los huevos de la mosca D. hominis son Stomoxys calcitrans, Musca domestica y Haematobia irritans. La mosca Dermatobia, con un promedio de vida de 4 días, pone aproximadamente 400 huevos. Dichos huevos son depositados en número de 50 a 60 al costado del abdomen de otra mosca capturada o forética (Cardona et al., 2013) (Figura 1).

El comportamiento del portador permite que las larvas alcancen la piel del bovino. Cuando la mosca forética se posa sobre el bovino, el calor emanado por el animal estimula la eclosión del huevo, saliendo a través de él la larva L1. Las larvas penetran a través de la picadura del portador o de algún trauma en la piel, viviendo en el interior del animal entre 35-42 días. A partir de este momento empieza el periodo parasitario o de evolución larval, el cual se caracteriza por la formación de “nódulos” en el tejido subcutáneo. Su ciclo incluye primer estadio larvario (L1), segundo estadio (L2) y tercer estadio (L3), y crece de 1 a 25 mm de largo y 0,3 a 10 mm de ancho.

Este periodo se prolonga aproximadamente por dos meses, al final del cual la larva abandona al bovino a través de un pequeño orificio hecho en la piel que cubre el nódulo y que la larva utiliza para respirar (Hall y Wall, 1995; Cardona et al., 2013).

La larva L3, al dejar al bovino, cae al suelo, donde se entierra e inicia el periodo de pupa. Al final de este periodo emerge el imago o mosca joven, la cual a las pocas horas es fecundada, para reiniciar el ciclo. El periodo pupal está influenciado por la temperatura y la humedad ambiente, en invierno el ciclo se prolonga 60 días, en primavera disminuye a 30 días (Cardona et al., 2013).

Signos clínicos y lesiones

La enfermedad se caracteriza clínicamente por la presencia de nódulos cutáneos y subcutáneos, simples o confluentes, con la presencia de un agujero por donde respira la larva (Urquhart et al., 1996); el tamaño de los nódulos puede variar de 0,5 cm a los 7 días, 1 cm a los 14 días, 2 a 3 cm a los 30 días con secreción de exudado por el orificio de respiración de las L3, hasta 5 cm a los 35 días (Cardona et al., 2013).

Los nódulos pueden aparecer en forma bilateral y multifocal, son de consistencia firme y fibrosa, con salida de material purulento y estados larvarios diversos a la compresión de la lesión, así como inquietud de los animales e intentos constantes de lamido de las lesiones parasitarias, algunas veces con ulceración o formación de abscesos por la contaminación bacteriana secundaria. Los valores medios de las evaluaciones de la temperatura rectal, frecuencia cardíaca y respiratoria de los animales infestados, no difieren significativamente de los sanos (Hall y Wall, 1995). La distribución corporal de las larvas en los bovinos se da principalmente a nivel de escapulas, costillas y flancos, siendo la región anterior el área con mayor participación de infestación parasitaria. La baja frecuencia de las áreas posteriores posiblemente se deba a la acción de la cola para espantar los vectores (Fernandes et al., 2008).

Patología

Las moscas causan molestias por toxicidad directa que puede ser fatal después del ataque masivo de estos insectos, por toxicidad indirecta debido al depósito de las larvas en la piel dañada (miasis) y por efectos irritantes locales que causan dermatitis que puede predisponer a infecciones bacterianas secundarias. Las moscas también inyectan antígenos que inducen reacciones de hipersensibilidad, se alimentan con sangre, que causa anemia y transportan de forma biológica o mecánica otros patógenos (Ginn et al., 2007).

La miasis es la infestación del tejido de animales vivos con larvas altamente destructivas de moscas dípteras. Las larvas se alimentan de los tejidos del animal, y eventualmente caen al suelo para formar las pupas. Las larvas se adhieren al pelo del bovino e ingresan por penetración directa, migrando hacia el tejido subcutáneo para producir una protuberancia inicialmente firme, luego fluctuante, parecida a un nódulo, quiste o absceso en la cual la larva madura. Estas lesiones cutáneas suelen ser forunculosas e involucran la epidermis y dermis. La larva respira a través de un poro fistuloso en la piel a través de la cual es visible. Las heridas curan lentamente después que las larvas caen o son removidas y frecuentemente ocurre una infección bacteriana secundaria (Sancho et al., 1996; Ginn et al., 2007). Estas heridas pueden supurar y causar un severo dolor (Urquhart et al., 1996). Hay reportes de una asociación entre los abscesos en bovinos y la infestación por D. hominis ya que los abscesos pueden ser atractivos a importantes vectores de los huevos de Dermatobia (Hall y Wall, 1995).

Diagnóstico

Se recomienda realizar el diagnóstico con base en los signos clínicos y la identificación del parásito al examen estereoscópico del material colectado en las lesiones. Hay que tener en cuenta la forma y el patrón de los espiráculos de las larvas. Ellas son vistas frecuentemente en la etapa larval L2 o L3, con un distintivo extremo posterior estrecho y sin espináculos, que llega a ser menos prominente según se continúan desarrollando (Greiner, 2012). Las larvas maduras miden hasta 2.5 cm de longitud y son algo ovaladas, tienen dos a tres filas de fuertes espináculos en la mayoría de los segmentos (Urquhart et al., 1996) (Figura 2). En el diagnóstico diferencial para la lesión cutánea asociada a dermatobiosis se deben considerar las enfermedades que cursen con la neoformación de nódulos cutáneos como la sarna demodéctica, urticaria, paraqueratosis por deficiencia de zinc y ciertas formas de dermatofilosis (Cardona et al., 2013).

Tratamiento

Antiguamente, el tratamiento de D. hominis era realizado con la aplicación de varios insecticidas a los bovinos afectados, a intervalos de 2-4 semanas, para eliminar las larvas en los nódulos y prevenir la reinfestación. Aunque las larvas son susceptibles a los insecticidas sistémicos, el rápido cambio generacional y la carencia de estacionalidad marcada demanda que cualquier régimen de control debe involucrar tratamiento repetidos y, por lo tanto, caros. Sin embargo, si el costo es aceptable, puede ser logrado un buen control utilizando productos de administración parenteral como las lactonas macrocíclicas (Urquhart et al., 1996). La dosis usual para el tratamiento de miasis por Dermatobia es de 200 μg/kg p.v. de ivermectina o doramectina (Cardona et al., 2013).

Doramectina es una lactona macrocíclica originada de una cepa mutante de Streptomyces avermitilis. Se ha demostrado su potente actividad terapéutica y persistente en bovinos cuando es administrada parenteralmente en una formulación acuosa (Conder y Baker, 2002). Su mecanismo de acción es mostrado en la Figura 3. Una de las ventajas del uso de doramectina es su excelente seguridad para neonatos, respecto a otros productos endectocidas, ya que se puede utilizar desde la primera hora de vida del ternero a dosis terapéutica de 200 μg/kg de p.v. vía subcutánea (Hall y Wall, 1995) para protegerlo de las miasis del ombligo en las zonas tropicales o con alta infestación de moscas.

Muchos estudios se han conducido para verificar la efectividad y seguridad de doramectina. En estudios comparando los perfiles farmacocinéticos de doramectina e ivermectina, se halló que el área bajo la curva (AUC, cantidad total del fármaco que alcanza la circulación sistémica) para doramectina fue 511 ± 16 (ng mL-1) x días en comparación a 361 ± 17 (ng mL-1) x días para ivermectina, siendo la diferencia significativa (P < 0.0001). Estos resultados indican una mayor disponibilidad de la doramectina por un mayor tiempo, que es consistente con los periodos más largos de persistencia generalmente reportados para doramectina cuando se compara a ivermectina, con 38 y 18 días, respectivamente, permaneciendo a concentraciones activas en piel, pulmón y tejidos mucosos (Moya, 2003).

Por otro lado, se condujeron dos estudios para examinar la toxicidad de doramectina a 2 mg/kg y a 5 mg/kg en bovinos, utilizando la vía subcutánea. No fueron vistos efectos adversos con respecto a la condición clínica o ganancia de peso, y no ocurrieron cambios patológicamente significativos en los valores hematológicos ni bioquímicos a ningún nivel de sobredosis. Tampoco fueron notados efectos adversos sobre el desempeño reproductivo, duración del ciclo estral o tasas de preñez a un nivel de sobredosis de 600 μg/kg p.v., ni hubo alteraciones en el desempeño reproductivo de los machos a la misma sobredosis (Conder y Baker, 2002).

Control y prevención

D. hominis es una plaga estacional, especialmente en las partes más sureñas de su rango de localización, las poblaciones aparecen en la estación de lluvia y desaparecen en los meses más fríos o estación seca. El tratamiento estratégico con doramectina a intervalos regulares de 45-60 días proporcionará protección contra Dermatobia a través de la estación de actividad de la mosca (Hall y Wall, 1995).

DECTOMER está indicado para el tratamiento y control de infestaciones por nematodos gastrointestinales, pulmonares, oculares, renales, ácaros de la sarna, piojos chupadores, garrapatas y estados larvarios de dípteros (moscas) causantes de miasis en bovinos, ovinos, caprinos, camélidos sudamericanos y porcinos.

Componente Doramectina es un lactona macrocíclica que está estrechamente relacionada a la ivermectina. Se une selectivamente y con alta afinidad a los canales de cloruro activados por glutamato que se encuentran en las membranas musculares de la faringe y neuronas concretas de los parásitos invertebrados. Esta unión causa una hiperpolarización de las células, lo que conlleva a la parálisis y muerte del parásito.

Vía de administración y dosis

DECTOMER se administra vía subcutánea de preferencia bajo la piel que se encuentra enfrente o detrás del hombro del animal, o vía intramuscular en la tabla del cuello en bovinos, ovinos, caprinos y camélidos sudamericanos. En porcinos se administra vía intramuscular en el cuello, inmediatamente detrás de la oreja. Se aplica una sola dosis a razón de 1 mL/50 kg de p.v. (dosis terapéutica: 0.2 mg/kg p.v.) en rumiantes y 1.5 mL/50 kg (0.3 mg/kg p.v.) en porcinos.

Recomendaciones de uso

• Repetir el tratamiento en base a la prevalencia de parásitos en el lugar y la posibilidad de reinfestaciones, según recomendación del médico veterinario tratante.

• Para el tratamiento de nematodos gastrointestinales como Bunostomum phlebotomum, Cooperia pectinata y Trichuris sp., se recomienda un esquema de 1 mL/50 kg de p.v. cada 24 horas por 3 días consecutivos para asegurar la eliminación de estos parásitos en particular.

• Para el tratamiento de sarna en ovinos por Psoroptes ovis, se recomienda una dosis de 1.5 mL/50 kg de p.v. (0.3 mg/kg de DECTOMER).

• Para el tratamiento de larvas migrantes en rumiantes, se puede administrar DECTOMER cada 45 días durante los períodos de riesgo.

• Puede utilizarse en rumiantes y porcinos en gestación, y animales reproductores, sin riesgo alguno. DECTOMER también puede utilizarse en crías desde las primeras 24 horas del nacimiento.

Bibliografía

Para mayor información contactarse a: rbaca@biomont.com.pe

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