Jueves, 18 de Julio del 2019
Última actualización: jueves 18 julio 2019
Autor (es): ING. ZOOT. LEONARDO GUTIERREZ
ASESOR TECNICO FARMACIA GANADERIA - MONTANA

Estrategias para mejorar la eficacia en el control de endoparásitos en bovinos (Parte I)


En el Perú existen múltiples reportes sobre endoparasitosis en rumiantes, lo cual demuestra que el parasitismo es uno de los principales problemas sanitarios en nuestros animales.

Estrategias para mejorar la eficacia en el control de endoparásitos en bovinos (Parte I)

Actualmente, en nuestro país contamos con más de cinco millones de bovinos, de los cuales aproximadamente el 87% se concentra en la sierra. Estos animales están distribuidos en hatos pequeños con elevados costos de producción debido a que sus propietarios, pequeños productores, tienen pocas tierras para la alimentación de estos animales y no han desarrollado aún sistemas sanitarios y de manejo eficientes. A esto se suma que más del 60% de los bovinos del país son criollos que aún no ingresan a un programa de mejoramiento genético (MINAG, 2016).

Por otro lado, en Perú existen múltiples reportes sobre endoparasitosis en rumiantes, principalmente Fasciola hepatica y parásitos gastrointestinales (Colina et al., 2013; Valderrama, 2016; Merino y Valderrama, 2017) demostrando que el parasitismo es uno de los principales problemas sanitarios de nuestros animales, que conlleva a una reducción de la condición corporal debido a que estos parásitos causan principalmente: anorexia, anemia, diarrea, hipoalbuminemia y, en consecuencia, una disminución en la productividad del animal (Morales et al., 2012; Bowman, 2014).

Pérdidas económicas por endoparásitos

Una de las principales limitaciones en la producción de rumiantes son las enfermedades parasitarias, que, aunque no, necesariamente, causan mortalidad, ya que muchas de estas infecciones son catalogadas como subclínicas, pueden originar una alta morbilidad y con eso una disminución en el potencial productivo del animal. Incluso pueden representar grandes pérdidas económicas para los propietarios de los animales afectados, por ejemplo, cuando se realiza el decomiso de hígados por estar afectados por F. hepatica (Medina et al., 2014; Rojas y Cartín, 2016). 

 

Una de las principales parasitosis que tenemos en el país es la fasciolosis. F. hepatica, es una infección ampliamente distribuida a nivel mundial y es la principal enfermedad parasitaria de los bovinos en términos de pérdidas económicas. Además, este parásito causa enfermedad hepática crónica en los humanos y es un problema emergente de salud pública (Bowman, 2014). En los rumiantes, F. hepatica causa una enfermedad debilitante que conduce a pérdida de la condición corporal, caquexia y potencialmente la muerte. Por lo tanto, la disponibilidad de un adecuado rango de productos farmacológicos para el tratamiento de este parásito, y, en especial de sus etapas inmaduras, es esencial con el objetivo de evitar el sufrimiento innecesario de los animales (EMEA, 2014).

En un estudio realizado por Rojas y Cartín (2016) en Costa Rica, se estimó la prevalencia de F. hepatica a partir de registros provenientes de datos de decomiso de hígados en tres mataderos ubicados en un área metropolitana y que benefician más del 80% de los bovinos del país. De un total de 249,108 bovinos, fueron decomisados 4,547 hígados por la presencia de F. hepatica. Se determinó que las pérdidas económicas solo en decomiso de hígados llegaron hasta los US$ 67,438. A este monto tendría que sumarse la reducción de peso de los animales, reducción de fertilidad de las hembras, menos producción de leche, tratamientos antiparasitarios, suplementos alimenticios para los animales de baja condición corporal y honorarios veterinarios, lo que acentúa aún más las pérdidas económicas para el productor.

En nuestro país, hace unos años, Valderrama (2016) hizo una revisión de la literatura sobre publicaciones realizadas entre 1985 y 2015 en artículos, comunicaciones y reportes de casos sobre la prevalencia de F. hepatica en rumiantes en el Perú. Este trabajo de revisión encontró que el Perú presenta muchas zonas hiperendémicas de fasciolosis en bovinos y ovinos (>50%) y que estamos entre los países con las prevalencias más elevadas a nivel mundial. Por otra parte, este trabajo determinó que los caprinos alcanzan niveles mesoendémicos de infección (10-50%). Hay que destacar aquí que los caprinos son los rumiantes menos manejados en nuestro país y generalmente no se les vacuna o desparasita, convirtiéndose en diseminadores de enfermedades y parásitos.

Recientemente, en el estudio realizado por Merino y Valderrama (2017) se determinó la presencia de F. hepatica en un camal de la localidad de Chalhuanca (Aymaraes, Apurímac) entre los años 2011 y 2012. El total de animales beneficiados para ambos años fue de 2293 (2293 hígados).Este trabajo halló F. hepatica en el 24.6% de los hígados decomisados en el año 2011, mientras que en el año 2012 la presencia de F. hepatica en hígados decomisados aumentó a 34.5%. A pesar de estos resultados, ellos concluyeron que la presencia de F. hepatica en esta zona es moderada pero que la infección se incrementó de un año a otro en todos los distritos. Este aumento estuvo asociado al crecimiento de la precipitación pluvial en la zona y la zona de procedencia de los animales, con los distritos de Toraya, Sañayca y Chalhuanca teniendo el mayor porcentaje de bovinos infectados con F. hepatica. Respecto a las infecciones causadas por parásitos gastrointestinales, debido a su modo de adquisición con los pastos y el agua, son muy frecuentes e importantes debido a que generalmente, salvo casos excepcionales en las que la carga parasitaria es muy elevada, se caracterizan porque generalmente se presentan de forma subclínica. Los nematodos de los géneros Trichuris sp., Trichostrongylus sp. y Ancylostoma sp., son lo que parasitan principalmente bovinos y se han reportado a nivel mundial y con mayor frecuencia en zonas tropicales y subtropicales como las de Perú (Colina et al., 2013). 

 

Morales et al. (2012) en Venezuela, indican que los parásitos gastrointestinales más comunes son de los géneros Trichostrongylus sp., Haemonchus sp., Cooperia sp., Ostertagia sp., Teladorsagia sp., entre otros, y destacan que sus ciclos biológicos son similares y directos, es decir, no requieren hospederos intermediarios para infectar al hospedero definitivo. Teóricamente, este detalle haría posible poder controlar eficazmente las infecciones parasitarias con dosificaciones; sin embargo, muchas veces se realiza un empleo mínimo y poco eficiente de los antiparasitarios, limitando la eficacia de estos.

En cuanto a la prevalencia de nematodos en nuestro país, en el estudio realizado por Colina et al. (2013) se analizaron 338 muestras fecales por el método de flotacióncentrifugación, correspondientes a bovinos criados en las localidades de Pacanga y Pacanguilla en Chepén, La Libertad. Todos los animales tenían diversas edades, fueron de ambos sexos, pertenecían a las razas Holstein, Brown Swiss y cebuinos, y estaban criados en condiciones de pastoreo. Ellos encontraron que el 67.5% de los animales estaban parasitados y se encontraron seis géneros de nematodos de los cuales los más prevalentes eran Oesophagostomum sp., y Cooperia sp., seguidos por Haemonchus sp., Ostertagia sp., Trichostrongylus sp., y Trichuris sp.

En otro estudio realizado en México por Rodríguez-Vivas et al. (2017) sobre el impacto económico de los parásitos en bovinos, incluyendo como factores principales a considerar el número total de animales en riesgo, los posibles efectos perjudiciales del parasitismo sobre la producción de leche, la ganancia de peso, los decomisos de productos pecuarios y las pérdidas de rendimiento productivo de los animales no tratados, encontraron que el impacto económico potencial anual de los nematodos fue de US$ 445,100 millones de dólares para su industria pecuaria, considerando que México posee unos 32 millones de bovinos.

Debido a estas enormes pérdidas económicas, se hace indispensable tener un programa de tratamiento y control antiparasitario que comience por tener fármacos adecuados a las parasitosis que tenemos en el país.

Fármacos recomendados para el tratamiento de endoparasitosis

Triclabendazol

A diferencia de otros antiparasitarios trematocidas, el derivado halogenado bencimidazólico triclabendazol tiene una excelente eficacia contra las etapas juveniles y adultas de F. hepatica. La inmejorable actividad de triclabendazol contra las fasciolas inmaduras es significativa ya que, al ser la etapa migratoria del parásito, producen serio daño tisular en el hígado del hospedero.

Su espectro de acción incluye solamente trematodos tales como F. hepatica, F. gigantica, Fascioloides magna y la duela del pulmón, Paragonimus spp. (Lanusse et al., 2018a). Típicamente, triclabendazol es administrado vía oral a una dosis de 10 a 12 mg/kg a intervalos de 8 a 10 semanas durante la estación de lluvia y a un intervalo de 5 a 6 semanas en casos agudos o subagudos de fasciolosis (EMEA, 2014).  

Triclabendazol está indicado para el tratamiento y control de todas las etapas susceptibles de F. hepatica, es decir, las etapas inmaduras desde los dos días de edad, hasta las etapas maduras alojadas en los conductos hepáticos. Es recomendado tanto para fasciolosis aguda como crónica y puede ser administrado en cualquier etapa de la preñez (Bowman, 2014).

Después de su administración, triclabendazol se convierte en sus metabolitos principales sulfóxido y sulfona. Estos metabolitos alcanzan su pico de concentración plasmática después de 18 a 36 horas post-tratamiento, según estudios realizados en ovinos. Se ha demostrado que el tegumento de F. hepatica es altamente susceptible al metabolito sulfóxido, ya que este compuesto causa un severo daño en la superficie del parásito después de un tiempo relativamente corto de exposición. Además, ambos metabolitos se unen fuertemente a las proteínas plasmáticas (>99%), específicamente a la albúmina. La larga persistencia de los metabolitos de triclabendazol en el torrente sanguíneo, más allá de las 120 horas post-tratamiento y su alta concentración plasmática en comparación a otros componentes bencimidazólicos, contribuye con su excelente actividad fasciolicida debido a una alta y prolongada exposición al fármaco en las fasciolas que se alimentan de sangre (Lanusse et al., 2018a). Asimismo, hay datos morfológicos que apoyan la posible unión de triclabendazol a la tubulina β de las fasciolas.

El metabolito sulfóxido de triclabendazol bloquea el transporte de cuerpos secretores desde la célula de la superficie tegumentaria del parásito culminando en la pérdida total del tegumento. Este metabolito también inhibe la división mitótica de las células espermatogénicas y las células del tallo vitelino en el parásito, todos cambios relacionados a la inhibición de microtúbulos (Figura 1) (Bowman, 2014).

 

Es probable que triclabendazol y sus metabolitos tengan un sitio de unión diferente al resto de bencimidazoles sobre la molécula tubulina en las fasciolas (Lanusse et al., 2018a).

Por otra parte, los fármacos fasciolicidas pueden alcanzar otros sitios dentro de F. hepatica ya sea por la ingestión oral de sangre o por la difusión transtegumentaria. La gran área de absorción del tegumento de F. hepatica puede tener un papel principal en la difusión del fármaco desde el medio que la rodea (Bowman, 2014). 

 

Oxfendazol

Oxfendazol es un bencimidazol metilcarbamato antihelmíntico administrado oralmente a rumiantes para el tratamiento y control de nematodos gastrointestinales, pulmonares y tenias.

En los rumiantes, el rumen actúa como un reservorio de oxfendazol liberándolo lentamente en el resto del tracto gastrointestinal y es detectable hasta por siete días después de su administración.

Además, el hígado parece ser el principal tejido diana en todas las especies (EMEA, 2004). En bovinos, oxfendazol está indicado para el tratamiento de parasitosis por nematodos pulmonares como Dictyocaulus viviparus, nematodos gastrointestinales tales como Haemonchus contortus, H. placei, Trichostrongylus axei, Oesophagostomum radiatum, Bunostomum phlebotomum, Cooperia punctata, C. oncophora, C. momasteri y la tenia Moniezia benedeni. La dosificación en bovinos y ovinos es de 4.5 a 5 mg/kg de peso vivo (Papich, 2016). Oxfendazol también tiene acción sobre algunas larvas en hipobiosis tal como las etapas inhibidas de Ostertagia ostertagi (Plumb, 2011).

Como los otros bencimidazoles, oxfendazol produce la degeneración de los microtúbulos del parásito y bloquea irreversiblemente la captación de glucosa. La inhibición de la captación de glucosa causa un agotamiento de los almacenes energéticos en el parásito, resultando eventualmente en la muerte. Sin embargo, no hay efecto sobre el metabolismo de la glucosa de los mamíferos, haciendo su uso muy seguro en los animales (Papich, 2016).

Oxfendazol tiene una muy baja toxicidad y se ha demostrado que puede ser utilizado con seguridad en hembras preñadas (EMEA, 2004).

En el parásito, los microtúbulos son organelas tubulares que existen en un equilibrio dinámico con la tubulina, la subunidad del microtúbulo. La tubulina es una proteína dimérica compuesta por las subunidades α y β. La actividad farmacológica de oxfendazol está basada en la unión a la tubulina β del parásito, lo que produce una alteración del equilibrio dinámico entre la tubulina y el microtúbulo (Papich, 2016). Así, todas las funciones que realizan los microtúbulos a nivel celular son alterados: división celular, mantenimiento de la forma celular, motilidad celular, secreción celular, absorción de nutrientes y transporte intracelular.

La pérdida de microtúbulos que se observa a nivel tegumentario e intestinal en los parásitos afectados después del tratamiento con oxfendazol es seguida por la pérdida del transporte de vesículas secretoras y disminución en la captación de glucosa (Figura 2). En un período entre 15 a 24 horas comienza la autolisis de las células parasitarias (Lanusse et al., 2018b). Por otra parte, a altas concentraciones, los bencimidazoles también alteran las vías metabólicas dentro de los helmintos, inhibiendo las enzimas metabólicas, incluyendo la malato deshidrogenasa y la fumarato reductasa (Plumb, 2011). 

 

 

Los bencimidazoles metilcarbamatos como el oxfendazol solo muestran una limitada absorción gastrointestinal debido a su poca solubilidad en agua. Su tasa de disolución, pasaje a través del tracto gastrointestinal y absorción hacia la circulación sistémica, son marcadamente más lentos que aquellos observados para bencimidazoles más hidrosolubles.

Tal fenómeno resulta en extendidos tiempos de residencia, lo que explica en parte la mayor potencia antihelmíntica que exhibe el oxfendazol (Lanusse et al., 2018b).

Ha sido reportado que la vida media de eliminación de oxfendazol es 7.5 horas en los ovinos y 5.25 horas en los caprinos. El oxfendazol absorbido es metabolizado a su componente activo, fenbendazol sulfóxido y sulfona (Plumb, 2011).

Además de la comprobada acción sobre nematodos gastrointestinales y pulmonares, oxfendazol ha demostrado experimentalmente tener acción sobre F. hepatica. En el año 2012, Gomez et al. analizaron la eficacia de una dosis oral de 30 mg/kg de oxfendazol contra F. hepatica en ovinos naturalmente infectados. Los ovinos fueron diagnosticados por microscopía después de la sedimentación de las heces y los animales positivos fueron tratados con oxfendazol. A los 10 días fue ejecutado otro análisis coprológico.

Entre los resultados hallados se encuentran que no hubo efectos colaterales en los ovinos después de la dosificación, todos los animales en el grupo control tuvieron similares conteos de huevos por gramo de heces mientras que ninguno de los animales en el grupo de tratamiento mostró huevos de F. hepatica después de los 10 días de tratamiento. Este estudio concluyó que una sola dosis de oxfendazol es altamente eficaz contra F. hepatica, proporcionando una nueva alternativa para el control de esta parasitosis. 

 

 

Estrategias antiparasitarias

Los antihelmínticos disponibles en la actualidad se agrupan de acuerdo con su composición química y sus efectos sobre el parásito. Entre los más utilizados para el tratamiento de endoparásitos tenemos a los bencimidazoles, considerados antiparasitarios de amplio espectro. La mayoría de estos compuestos son altamente efectivos, pero se deben usar y elegir adecuadamente sobre la base de criterios técnicos con el fin de obtener respuestas clínicas favorables (Medina et al., 2014).

Generalmente, en un hato de animales al pastoreo, la mayoría de animales, principalmente adultos, tienen una carga parasitaria baja, mientras que una proporción pequeña, principalmente los jóvenes, poseen altas cargas parasitarias. Son estos últimos animales los que presentan los signos clínicos de parasitosis y los que deberían ser desparasitados obligatoriamente. Este sistema se llama desparasitación selectiva y permite el aumento de las poblaciones parasitarias susceptibles a los antihelmínticos (Morales et al., 2012). Este sistema de dosificación selectiva y con criterio técnico funciona muy bien en áreas que ya tienen un programa continuo y a largo plazo de desparasitación de toda su población.

Por otro lado, entre las estrategias para tener en cuenta en los programas integrales de control de endoparasitosis, uno de los factores menos tomados en cuenta es el clima y las condiciones donde se desarrollan los parásitos.

Merino y Valderrama (2017) indican que debido al cambio climático que hemos tenido en los últimos años, es probable que la tendencia sea a una mayor infección de F. hepatica en varios departamentos de nuestro país. En algunos lugares las lluvias se han incrementado y algunos lugares han permanecido inundados. Normalmente los huevos de F. hepatica son transmitidos por animales infectados en primavera y principio de verano, se desarrollan en los caracoles y producen cercarias y metacercarias hacia el final del verano, por eso, los animales que consumen estas metacercarias manifiestan la enfermedad a fines de otoño y durante el inverno. Además, los huevos transmitidos por estos últimos animales infectan a los caracoles, pero no se desarrollan hasta que retornan las temperaturas adecuadas en la primavera, por lo tanto, otra vez se desarrollan metacercarias al final de la primavera o inicios del verano.

El conocimiento de la epidemiología y ciclo biológico de los parásitos nos permitirá decidir cuál es el momento óptimo para dosificar y optimizar la eficacia de nuestros antiparasitarios. 

 

Además de la desparasitación con criterio técnico, el manejo del sistema de pastoreo es una estrategia importante para el control de los endoparásitos. En los pastos generalmente se encuentran las larvas infectantes, que son ingeridas cuando los animales se alimentan. La rotación de los potreros de pastoreo proporciona descanso del campo después de ser pastoreado, con lo cual se recupera y crece para poder ser utilizado nuevamente para el pastoreo. Además, la exposición ambiental prolongada y la desecación producida por la radiación solar disminuyen la viabilidad y el número de larvas infectantes que el animal consumiría junto con el forraje (Medina et al., 2014).

En definitiva, para tratar de disminuir los costos que acarrean las parasitosis, no solo basta con tener buenos programas de dosificación antiparasitaria. Se deben contemplar programas de control integral bien elaborados para cada región, donde se tenga en cuenta la epidemiología parasitaria en los animales, la variación estacional de las poblaciones de hospederos intermediaros como los caracoles, la estacionalidad de las larvas o etapas intermedias de estas parasitosis y las condiciones climáticas.

Probablemente la mejor forma de controlar estas parasitosis es a través de un manejo integral, que involucre las fuentes de agua y alimento principalmente en los rumiantes manejados al pastoreo, la desparasitación regular y programada de los animales y el saneamiento ambiental principalmente a través del drenaje de aguas estancadas y manejo del potencial hábitat para los hospederos intermediarios (Rojas y Cartín, 2016).

El establecimiento de programas integrados de control parasitario adaptados a nuestra realidad puede reducir el impacto de los endoparásitos sobre la salud y la productividad de nuestros animales. Se recomienda tener un enfoque sostenible a largo plazo para disminuir las cargas parasitarias principalmente en las zonas consideradas hiperendémicas. También se debe contar con un registro eficiente y monitoreo farmacológico de la calidad de los productos que se utilizan. Además, por el carácter zoonótico de algunas parasitosis, es necesario trabajar con la población humana y dar a conocer la importancia del problema y las estrategias para combatirlo.

TRIMAX®

TRIMAX® es un antiparasitario de amplio espectro que contiene triclabendazol, un fasciolicida efectivo y con amplio margen de seguridad. Elimina los estadios inmaduros desde la primera semana de vida y adultos de Fasciola hepatica (alicuya, saguaype, duela del hígado, jallo jallo, ccallutaca) y F. gigantica. También contiene oxfendazol, un bencimidazol de amplio espectro con una potente actividad antihelmíntica que incluye nematodos y tenias. TRIMAX® tiene además en su composición cobalto, componente principal de la vitamina B12 que mejora la acción de la respuesta inmune y la formación de los glóbulos rojos.

Indicaciones y dosificación

TRIMAX® está indicado para el tratamiento y control de Fasciola hepatica y endoparásitos en bovinos, ovinos, caprinos y camélidos sudamericanos. La dosis recomendada es de 1 ml por cada 10 kg de peso vivo vía oral, lo que equivale a 12 mg/kg de triclabendazol y 5 mg/kg de oxfendazol. Se recomienda dosificar con TRIMAX® antes y después de la temporada de lluvias. En zonas de alta incidencia de parasitosis interna se recomienda dosificar cada tres meses. También puede administrarse en hembras preñadas a la dosis indicada.

Bibliografía

Para saber de la bibliografía, comunicarse con el Ing. Zoot. Leonardo Gutiérrez, Asesor Técnico Farmacia Ganadería (lgutierrezb@corpmontana.com).

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